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viernes, 4 de abril de 2014

Crónica de El Liberal sobre la muerte de Joselito



Crónica del diario El Liberal de mayo de 1.920, sobre la muerte de Joselito "El Gallo".

Circuló como una exhalación. A las siete, aproximadamente, alguien que salía de telégrafos dió, en voz alta, a los que estaban en la central la triste nueva:

- Joselito gravísimamente herido en Talavera; tal vez muerto...

A los dos minutos, - no hay hipérbole en ello -, circulaba la noticia de boca en boca entre los concurrentes a los Círculos y Cafés de la calle de Alcalá y de la Puerta del Sol. Es increíble la difusión alcanzada en un día que no se publican periódicos ni hay manera de exhibir pizarras. Nadie, sin embargo, daba crédito a lo que se decía. Joselito, en el concepto de las gentes, era punto menos que invulnerable; era el torero sabio; su dominio sobre la fiera era, en todo momento, absoluto... Pero, sin embargo, no había lugar a dudas.

No era ya uno; eran varios los que habían visto las hojas de los telegramas procedentes de Talavera y que encerraban, escueta, la realidad del drama. A nuestra redacción llegó el primer despacho a las siete y veinte y decía no más que lo que sigue: “Joselito cornada en el empeine, grave”.

Pero de ahí, a la muerte de Joselito, quedaba una esperanza que no se aventuraba nadie a salvar sin nuevos pormenores que no tardaron, por desventura en llegar. Otro despacho de nuestro querido amigo el afamado industrial Miguel Gómez, que es buen aficionado y que había ido a la corrida de Talavera confirmó, en un todo, lo que se decía. Está fechado, ese telegrama a las ocho de la noche y nos decía:

- Joselito ya murió.

El timbre de nuestro teléfono sonaba, incesante. De Bellas Artes, del Centro de Hijos de Madrid, de los Cafés, del Casino, los particulares nos llamaban pidiendo confirmación de la noticia.

En la calle se formaban grupos que comentaban a grito el suceso. Y se daban detalles que bien luego fueron comprobados. Joselito había sido alcanzado por un toro y tenía una terrible herida en el bajo vientre con salida de intestinos. A los pocos momentos murió en la enfermería de la Plaza. El toro era de la ganadería de la viuda de Venancio de Ortega, toros de media sangre cuya divisa no figura entre las Asociadas. Telégrafos y Teléfonos eran un hervidero de las gentes en busca de referencias. En su nerviosismo culpaban a los periódicos de no calmar su curiosidad en la medida que sus nervios demandaban. ¿Qué culpa nos alcanza a nosotros?

Bien pronto empezaron a organizar expediciones en automóvil que salían para Talavera en requerimientos de detalles. En los cafés no se hablaba más que de la muerte del joven y afamado torero. En los teatros éste y no otro era el tema único de las conversaciones.

La emoción era indescriptible. Los aficionados viejos no recordaban otro momento parecido más que remontándose a la trágica muerte de Espartero que no mantuvo, sin embargo, la ansiedad durante tanto tiempo porque Espartero murió en la Plaza de Madrid y aún no estaba su cadáver en la mesa de operaciones de la enfermería cuando los periódicos publicaban y lanzaban a la venta, extraordinarios con todo lo que el público anhelaba conocer. Puede afirmarse que la muerte de Joselito absorbió ayer, por completo, la atención de Madrid: no solamente de los aficionados a los toros sino a todas las clases sociales porque la popularidad del estoqueador, figura la más relevante del toreo, no era por nadie superada.

Machaquito que tenía una buena amistad con Joselito oyó la noticia, como todo el mundo, en la calle, y se apresuró a marchar a Teléfonos para comprobarla. A la salida le rodeaba gente para interrogarle. Machaquito, con el semblante demudado y visible muestras de pesadumbre contestaba a sus interlocutores:

- Desgraciadamente la cosa es cierta.

Y se metió en el Hotel de París, donde se hospeda, sin querer conversar con los que le asediaban.

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