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miércoles, 26 de marzo de 2014

Curiosidades de una entrevista a Joselito "El Gallo"

 

José María Carretero fue un escritor y periodista cordobés, conocido como "El Caballero Audaz", que realizó entrevistas a los grandes toreros que vivieron durante su época. Nació en Montilla en 1.887 y falleció en Madrid en 1.951. Una de las entrevistas, se la hizo, como no, a Joselito "El Gallo". Transcribo algunos pasajes elegidos de la interesante entrevista y confesiones de Joselito:


Quedaron una mañana El Caballero Audaz, el actor Ramón Peña y el gran Joselito. Una vez montados en el "Rolls-Royce", Peña comentó que habían sido putuales, a lo que Joselito respondió "yo nunca llego tarde a nada que se relacione con los toros. Cuando en Sevilla tengo que madrugar para ir a algún tentadero, nunca se ha dado el caso de que me tenga que llamar nadie. A mi madre le extraña eso. ¡Y es que tengo una afición a todas estas cosas!"

Empieza la conversación, y El Caballero Audaz sus preguntas:


- ¿Usted sabe conducir el auto?

- Sí, señor; el "Hispano" que tengo en Sevilla lo llevo yo siempre -respondió el torero-.


- ¿Y le gusta a usted?
- Sí; pero, vamos, no es gran cosa. Yo creo que los toros no me dejan a mí sitio para que me guste nada del mundo.


- ¿Y las mujeres?
- Hombre, hombre, ¡qué preguntitas tiene usted! Las mujeres me gustan más que nada; por sabido se calla; como que si yo no torease más que para los hombres, ya me había cortado la coleta (...).


- Y si tuviera usted una novia que le cogiera por el corazón, ¿dejaría usted el toreo por ella?
- Hoy por hoy, no. ¿No ve usted que la afición es en mí más fuerte que yo? Ahora bien: dentro de unos pocos años, si he perdido facultades y vienen detrás empujando, entonces sí, desde luego.


- Con sinceridad, Joselito. ¿Si volviera usted a nacer?...
Joselito se anticipó a la pregunta y respondió: - Si mil veces naciera, mil veces sería torero. Yo no veo nada más bonito, más artístico, ni más emocionante que el toreo...

Referente a una tarde que estaba toreando con su hermano en Algeciras, y Rafael sufrió una cornada, Joselito le dijo al periodista: - Estuve bien; pero no sé cómo, porque yo la única idea que tenía era la de acabar pronto para abrazar a mi hermano. Hay que tener en cuenta las cosas; para mí, Rafael no es mi hermano: ha sido siempre un padre. ¡Cómo yo me quedé huérfano tan pequeño... pues... lo que pasa... Él ha sido en mi casa el padre de todos!


- Entonces, cuando torea usted con él sufrirá mucho...
- ¡Una barbaridad! Como que yo prefiero que los toros difíciles me salgan a mí en vez de a él, y que si ha de haber alguna cornada, me toque a mí… Después de todo, yo soy más joven y no estoy tan trabajado como él.


- Según eso, ¿a su hermano es al que quiere usted más de su familia?
- No, señor; quiero a mi madre más; pero ¡con mucha diferencia!

El Caballero Audaz describe de Joselito que "tendía su mirada, curiosa, ingenua y casi infantil, a todo lo largo de la carretera. Sus ojos, grandes y negros, llenos de sana alegría y curiosidad, estaban perplejos. Seguramente evocaban la figura de la madre".


- Tratado usted, es mucho más simpático que la plaza.
- Más vale así. Pues crea usted que lo siento. Eso mismo me lo dice mucha gente. Yo no sé qué idea tienen de mi manera de ser. Se ha cundido por ahí que soy muy orgulloso y serio... Ya ve usted... Orgulloso, ¿de qué? Serio tal vez sea un poco (...) Además, soy serio por fuerza; yo, desde los catorce años, he tenido que alternar con hombres muy hombres, y nunca he querido que viesen en mí a un chaval, sino a otro hombre.


- ¿Cuál fue el primer dinero que ganó usted toreando?
- Eso ya lo ha contado Don Pío. Nos marchamos contratados a Portugal, ganando los jefes de cuadrilla diez reales semanales, con la obligación de torear los domingos. ¡Creo que no fue mal ganado ese dinerillo!


- ¿Ante qué público le gusta a usted más torear?
- En Madrid. El público de aquí es el más justo y el que sabe más de toros. ¡Claro, como ve más corridas que ninguno! Cuando por ahí en provincias, me toca un bicho bravo, con el cual puedo lucirme, enseguida pienso: ¡quién te hubiese cogido en la plaza de Madrid en un día sin aire!


- Bueno, pero usted, ¿cuánto es lo menos te cobra por torear?
- Lo menos seis mil quinientas pesetas; pero, generalmente, son siete mil quinientas.


- ¿Y la vez que más ha cobrado usted, cuánto ha sido?
- En Madrid, veinte mil pesetas. La tarde de los siete toros.


- ¿Cuál de sus compañeros le gusta más toreando?
- Muchos. A mí me parece que ahora se torea más cerca y mejor que se ha toreado nunca. Esto no lo diga usted...


- Oye, Jose, de todas las horas del día, ¿cuál es la que más te gusta?
-Esta, de siete a ocho. Es la hora en que disfruto de la vida. Las demás las paso entre viajar, comer, dormir y torear. No te creas que la vida del torero de cartel es muy envidiable. No paramos. De peligro en peligro, de tren en tren... Muchas veces de bronca en bronca. No nos queda tiempo ni de mirar a una mujer.


- ¿Cuál ha sido el día más feliz que has tenido en tu vida?
- La tarde que me dieron la primera oreja en Madrid. Yo, te lo confieso, estaba llorando de emoción, y si me hubiese muerto en aquel momento, me hubiese muerto feliz completamente.



 Finalizan Joselito y El Caballero Audaz hablando de una anécdota que le ocurrió al maestro en una ocasión en que viajaba para torear, que transcribiré en otro momento porque merece una mención aparte.



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