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martes, 4 de marzo de 2014

Las fundas: afeitado encubierto contra el que hay que legislar


El fraude de afeitar a los toros radica principalmente en que el animal pierde el sentido de las distancias, dejando al torero en clara ventaja, pues el toro es menos certero con sus defensas. Como todos sabemos, el afeitado es motivo sancionador según el reglamento taurino, aunque astas de toros sospechosas las vemos más veces de las que nos gustaría. Aún así, los toreros han encontrado la solución perfecta para seguir manteniendo esa ventaja sobre el toro: las fundas. Un afeitado encubierto en toda regla. Por ajustada que esté a la punta del pitón, lo alarga unos centímetros, por lo que el toro al estar acostumbrado a tener sus cuernos con más longitud, cuando se le retiran el efecto que produce en el animal es el mismo que el afeitado: pierde el sentido de las distancias. "Afeitado psicológico", le llaman algunos. Por eso, muchos de los toreros que pueden exigir, eligen ganaderías que ponen fundas a los toros. Los ganaderos acceden, sobre todo los de las ganaderías denominadas comerciales, alegando que lo hacen porque así sus toros en caso de peleas no se cornéan gravemente entre ellos y que los pitones no se deterioran cuando se rascan con los árboles o con el suelo.

Para poner y quitar las fundas, hay que introducir al toro en el mueco, produciéndose más "manoseo" del que ya tienen. Un paso más en contra de su naturaleza, que con tantas manipulaciones se va a parecer más a un animal de granja que a lo que nos da entender uno de los términos que define su raza: toro "bravo". En la ganadería de Cuadri, para que tomen un ejemplo de ganadero serio y de ganadería con autenticidad, el manejo de los toros es mínimo. Por supuesto, a los toros de Cuadri no se les ponen fundas. Para la vacunación, el ganadero espera con paciencia a que sus vaqueros hagan pasar a las reses por debajo de un árbol determinado, para inyectar desde arriba y con una garrocha la vacuna en cuestión. Las personas que van fotografiar a los toros de la camada, normalmente ni siquiera entran en los cercados, lo hacen desde las murallas de piedra que divide a los animales por lotes. ¿No se parece esto más a una ganadería de toros bravos? La respuesta se deduce con sentido común.

Se comienza a extender y a "perfeccionar" el uso de las fundas hace unos 10 años aproximadamente, pero en la década de los 60, ya en Andalucía se utilizaban unas planchas finas de plomo que se moldeaban alrededor del pitón. Método este último que protegía contra el rascado en el suelo y en los árboles, pero que dañaba las puntas si los toros se peleaban. 



Más tarde, en los 80 se cambió el plomo por el aluminio y las láminas pasaron a ser de capuchones que se pegaban con pegamento. Resultó un cambio frágil porque no aguantaban puestas mucho tiempo. En los 90, se introdujo el PVC, pero tampoco convenció. Y más recientemente, se utilizó la escayola.

En la actualidad están mucho más extendidas y sólo un porcentaje de entre el 24 y el 16 % de los toros que se lidian en plazas de 1º y 2ª categoría no han sido enfundados. Un método frecuente es el de la venda de resina. Se trata de una venda de poliéster impregnada en una resina de poliuretano que se endurece con agua, quedando una funda muy rígida. Otro método aún más común es el de la fibra de vidrio, con un cartucho de caza en el pitón para permitirle a este que respire y no se ablande tanto, como está comprobado que venía ocurriendo años atrás. Pero el pequeño orificio del cartucho por el que se supone que tiene que transpirar el pitón del toro, evidentemente quedará tapado con la tierra de la dehesa en cuanto el toro rasque mínimamente en el suelo. De hecho, los pitones que han sido enfundados siguen siendo más blandos.

A continuación, en la 1º foto veremos colocando el cartucho en el pitón, y en la 2º, más apliada, vemos la diferencia entre el pintón con y sin funda. De ahí la pérdida del sentido de la distancia. Comparen.



Una vez el toro tiene la fundas puestas, indudablemente percibe que ha perdido manejo en su arma de defensa, por lo que trae consigo una disminución en su confianza. Tampoco hay que olvidar que el toro bravo es un animal con una memoria importante, de ahí que cuando se le torea, ya no puede volver a ser toreado porque lo que ha aprendido no lo olvida en años. Su paso por la manga y el mueco, inmovilizado, sujetado su cuello por una especie de guillotina y con los ojos tapados, supone una manipulación nada beneficiosa. No hay ganaderías, hay ganaderos. Una ganadería con la misma procedencia que otra, puede ser completamente diferente no sólo por los criterios de selección del ganadero, sino también en función de la alimentación y el manejo de los animales. Cuanto menos se moleste a los animales, mejor.

Hay que velar por la autenticidad del espectáculo y de su elemento principal: el toro bravo. En el momento en el que al toro se le merman sus facultades, no hay verdad en el ruedo y se está engañando al aficionado, que por cierto, es el que mantiene el negocio con su paso por taquilla. Por todo ello, y ahora que está generalizado, es necesario legislar contra las fundas.


Vídeos: Cómo se ponen las fundas en las ganaderías de Gerardo Ortega y El Pilar

Ganadería de Gerardo Ortega





Ganadería de El Pilar





Fotos: Veterinarios Taurinos

1 comentario:

  1. Olé por esa entrada, olé olé, y olé, palmas fuertas para el autor: las fundas son una mierda porque, ademàs de los micobios que pueden estropear las astas, modifican para siempre el caractario del animal, demasiado traficado por la mano del hombre. Después, el toro pierde la noción de las distancias, y la fiesta brava poco a poco con varios artificios como esos se hace fiesta circo, la preferida de las figuras que exigen el medio toro sin astas ni fuerzas de los ganaduros
    Gracias y felicidades por tu ànimo, David
    Un abrazo

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