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lunes, 31 de marzo de 2014

La responsabilidad del aficionado con la Fiesta


Los tiempos que corren no son los mejores para la Fiesta, ya que desgraciadamente, no podemos decir que goce de un buen estado de salud. Es muy común escuchar que "con los taurinos no hacen faltan antitaurinos", que los primeros se cargan la Fiesta, ellos solitos y sin necesidad de enemigos. No obstante, personalmente discrepo con esta afirmación, y miro también a la afición. Soy de la opinión de que cada uno tiene su parte de responsabilidad y por tanto, de culpa. A continuación, explicaré mis motivos.


El empresario
Empecemos por el punto más candente, el que está siempre en el objetivo del aficionado, a veces con mucha razón, pues nos llegan muchos rumores sobre la forma de actuar en momentos determinados, no quedando libres de esa picaresca española (de la que algún francés también ha aprendido) que nos caracteriza. Centrándonos en la configuración de los carteles y de las ferias, si nos ponemos en el papel de ellos, imaginando que somos nosotros los que nos jugamos el dinero, ¿organizarían ustedes una corrida con toros de distintas ganaderías y encastes, y tres toreros del corte de Diego Urdiales, Iván Fandiño o Alberto Aguilar, o apostarían por una de Garcigrande para tres de las llamadas figuras del toreo? Como empresa apostarían por la segunda. Otra cosa es como aficionado. Si ustedes se jugarán los muchos miles de euros que hacen falta para organizar un festejo,  para no caer en tan inmensa ruina, cerrarían un cartel donde pudiesen vender el papel casi al completo, porque con la primera opción seguramente no llegarían ni a media plaza. A las pruebas me remito, por ejemplo, citando la corrida concurso de ganaderías que lidió en solitario Ivan Fandiño en la plaza de Bilbao en 2012, con toros de Victorino Martín, La Quinta, Alcurrucén, Partido de Resina (antes Pablo Romero), Torrestrella y Torrealta, en la que hubo una entrada bastante escasa. Es triste, pero es la realidad. El empresario es culpable de su parte, no todo recae sobre él


El ganadero
Partimos por lo tanto, de la base de que la Tauromaquia es, como todos los espectáculos, cuestión de dinero, es un negocio. Si algo no es rentable, no funciona y deja de organizarse, no sólo lo que está en manos de los taurinos, sino lo que está en manos de cualquiera, porque nadie está dispuesto a perder. Un término que se puede escuchar alguna vez que otra, es el de "ganaduros", con el que muchos aficionados de forma despectiva, llaman a los ganaderos de toros bravos. Para que entendamos el punto de vista del ganadero, transcribo unas palabras que hace ya unos años declaró José Murube Escobar, pero que perfectamente pueden aplicarse al 2014. Dijo así: "el toro bravo con el que sueño, no sirve para nuestra época. Al quinto muletazo nadie puede quedarse delante. Y si coge al torero, le pega tres cornadas al vuelo. Ese es el toro bravo, duro y de poder, como se decía antaño.  Pero hoy lo que se pide es un toro que se deje pegar 40 muletazos, y que si te coge se ponga a husmear en la arena, pero que no te tiré ni una cornada. El toro con el que se sueña en la actualidad es un toro mansito, frágil y con fuerzas justas. Es el toro agradable. No se desploma, pero casi. Hoy se cría un toro con muchos pitones y tiene mucho peso, como nunca antes. Por eso se cae y por eso pasa lo que pasa. Este año, en Albacete, Paquirri mató uno de mis toros, "Doloroso", que fue bravo de verdad. Paquirri le cortó el rabo, pero ni siquiera tuvo tiempo de saludar entre los pares de banderillas porque ya tenía al toro encima. Me regaló el rabo en el callejón, luego le fui a ver al hotel, contrariamente mis costumbres. Me dijo textualmente: <el toro fue un gran toro, pero me quería comer>. Esa frase debería estar escrita en un tratado de tauromaquia. ¡Claro que se lo quería comer! Embistió 40 veces con el hocico arando la arena, tomó 3 puyazos y hubiera podido darle más, ¡y todavía quería comerse al torero! Los toreros no quieren ese tipo de toros. Y no hablemos de las corridas que tienen genio, esas que son aplaudidas por los periodistas, pero las que nadie quiere enfrentarse para hacer el toreo que el público pide hoy día. Cuando uno exagera un poco la presentación, hay un pequeño sector del público que te ovaciona, pero los toreros no están a gusto. La misma corrida, pero más bonita, hace que los toreros se sientan mejor. Y la corrida es la misma". Creo que igual que pensaba don José Murube hace ya 30 años, lo piensan el resto de ganaderos, aunque algunos se han ganado nuestro rechazo y no sin razón. No obstante, sólo unos románticos que pueden permitirse económicamente el mantener su ganadería y darle las cualidades que desean como aficionados-ganaderos, lo hacen, porque si no las corridas se le quedan en el campo y sufrirían muchas pérdidas.


Los toreros
Pasamos a mayor rango de responsabilidad. Ya lo dijo José Murube en la extrevista que hemos leído en el párrafo anterior, cuando el ganadero cría al TORO, el torero no quiere ni verlo. Se ha perdido la vergüenza torera, la dignidad, eso que muchos ni siquiera conocen. Se acabarón los toreros como Antonio Bienvenida, del que la semana pasada escribí un artículo para recordar cuando él y su hermano acabaron en prisión por querer torear en Madrid una corrida de Miura al completo.  Cuando las llamadas figuras se acartelan con toros de otras ganaderías, conocidas como "duras", como por ejemplo, el año pasado en Sevilla con El Juli - Miura, aunque finalmente el madrileño no pudo torear, la gente respondió. Igual pasó con Talavante en San Isidro  con los seis Victorinos. Son tardes en que se crea expectación y la gente se ilusiona. Claro que los toreros, al no sentir la necesidad de tener que hacerlo porque la afición no lo demanda, planean una temporada de más baja exigencia. Casi podemos decir que es humano el hacer una temporada cómoda, simplemente porque en algo tan crucial como poner en juego la propia vida, aparece el miedo a perderla, mientras que ese sistema cómodo y más rentable, estás frente a un toro, sí,  pero es de tener una venda en los ojos el no ver que hay ciertas ganaderías que tienen muchas más complicaciones que otras. Si los toreros quisieran tirar del carro, podrían hacerlo mostrando más competencia entre ellos, abriendo los carteles para dar paso y medirse con otros toreros, lidiando distintas ganaderías, etc. Les falta compromiso con la Fiesta, y cuánto más se les permita, más les seguirá faltando.


El aficionado

Es el que sustenta el negocio pagando sus entradas. Prácticamente el 100 % de los ingresos que llegan al mundo de toro, son los de la taquilla, es decir, que lo que mantiene al gremio sale de nuestros bolsillos. Es por ello que estamos en la clara posición de cambiar las cosas. Si nuestra respuesta, ante carteles repetitivos y aburridos, fuese el no ir a la plaza, los profesionales de esto tendrían que darle un giro completo a todo. Empieza entonces, la cadena, la pescadilla que se muerde la cola, como verán, invertida con respecto al orden que he tomado inicialmente:

- El torero, si quisiera seguir ganando dinero (millones en muchos casos), tendría que lidiar el toro que la afición demandase, porque en caso contrario la plaza se quedaría con 1/4 y el empresario no le contrataría, o no pagaría ciertas cantidades.

- El ganadero, tendría que criar un toro encastado, con poder, capaz de mostar su bravura en el caballo y como decía José Murube "comerse al torero". De esta manera, se salvarían muchos encastes y ganaderías que están acabando en el matadero y que están esperando agónicamente el final de su existencia. Ahora, en el mejor de los casos, emigran a Francia, como ocurrió con Concha y Sierra.

- El empresario, sería el más interesado en el afán de complacer los gustos del público para poner el "no hay billetes" colgando en las taquillas. No tendría ningún inconveniente en realizar otras combinaciones en los carteles y en que sus veedores fuesen a seleccionar las corridas a las tierras donde se criase el toro bravo de verdad.


El aficionado también es responsable de lo que está pasando. Tiene la llave para cambiar las cosas. Si en vez de pagar por ciertos festejos, la mayoría fuese más exigente y eligiese las corridas con más rigor, no tendrían más opción que la de encauzar la Fiesta por el camino que nosotros les marcáremos, que debería ser el del compromiso, el de la verdad y el del respeto al toro.

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