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viernes, 31 de enero de 2014

Toreabilidad, un término ridículo y contrario a un toro bravo


Hay un término que en los últimos años no sólo ha entrado de lleno en el vocabulario de todos los aficionados, sino que además ha tomado poder a la hora de seleccionar al ganado. Es más,  es una casilla dentro del cuaderno ganadero y una exigencia por parte de algunos toreros. Incluso, se ha convertido en un adjetivo calificativo que muchos periodistas y críticos taurinos atribuyen a los toros en sus crónicas. La palabra en cuestión es "toreabilidad".

Pero esta palabra no es nueva. Quien la generalizó fue Ramón Mora-Figueroa, hijo del Marqués de Tamarón, quién llegó a poseer su propia vacada, y más tarde, fue el consejero en la formación de la ganadería de Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio. Claro que el contexto de la época era bien distinto, pues Mora-Figueroa compró parte de lo que vendió Fernando Parladé en 1.914, en plena Edad de Oro. Es decir, que en una época donde el toro era muy distinto y las aportaciones de Joselito y Belmonte estaban haciendo cambiar el toreo, su empleo no era el mismo que el que sufre hoy, muy degenerado.

¿Cómo puede hablarse de "toreabilidad" cuando hablamos de un toro bravo? El toro bravo ha de ser dominado antes que toreado. Por lo que ese término se descubre por sí sólo: le facilita el trabajo al torero. Le quita la esencia y le arranca el origen a todo esto, que es que el hombre domine al animal. Esa pelea tan emocionante que se ha perdido. El toro, la mayoría de los toros que vemos en las plazas son ese "colaborador" que las llamadas figuras del toreo exigen para realizar sus faenas sin complicaciones. Y cuando el toro no tiene "toreabilidad", no les sirve. Cogen la espada y que lo arrastren las mulillas. Ni se plantean enfrentarse a las dificultades que los distintos astados puedan presentarle. Cuando el toreo precisamente es meter al toro en el capote y en la muleta, poderle, llevarlo donde él no quiere ir, sacarle tandas por el pitón complicado, riesgo... Todo esto por supuesto, venciendo sus distintas complicaciones.

Con respecto a no enfrentarse a las dificultades y complicaciones que un toro bravo puede plantear, añadir algo importantísimo, que es el estar acabando con gran parte del patrimonio genético de la cabaña brava. Se pierden encastes y ganaderías con personalidad, y estamos en el camino del monoencaste. Pero esto da para mucho, así que lo dejamos pendiente para otro artículo.

"Toreabilidad", entendido como lo entienden los toreros, es un término totalmente contradictorio con lo que es un toro bravo, ridículo e insultante para tan bello y valiente animal.

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