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martes, 28 de enero de 2014

La verdad en el cite y la mentira del toreo encimista


En la actualidad se echa de menos a un periodista o crítico taurino como Alfonso Navalón, un hombre que hablaba claro y del que se nutrían aficionados que gracias a él tenían buen criterio y exigían lo que hay que exigirles a los toreros, que no es otra cosa que la verdad. Hoy, para hablar sobre la verdad en la forma de citar a los toros, no podemos recurrir a mejor fuente que a Navalón, quien en una ocasión lo explicó con bastante claridad. 

En la fotografía que ilustra esta entrada, vemos a Iván Fandiño citando de lejos en Las Ventas. Con sólo mirar la imagen nos contagiamos de la emoción que supone ver a un toro arrancarse así a la muleta de un torero. Y si no, ¿quién se olvida de la faena de Castaño a un toro de Miura la pasada temporada en Castellón? ¿Y de El Cid con los Victorinos, citando a los toros de lejos sin probaturas previas?  Acerca de esto, Navalón decía "no se puede hablar seriamente de toreros sin dejar sentado que citar en corto y con la muleta retrasada es una trampa porque lo difícil es dejarse ver del toro, darle sitio en la arrancada y luego templarlo y someterlo hasta vaciar el pase. Eso es lo arriesgado y lo importante".

"Cuando el toro viene arrancado desde lejos tiene mucho más peligro que citándolo dándole con los muslos en los pitones", escribió Alfonso. Con respecto a esto último, vemos como muchos toreros, sobre todo de las llamadas figuras, acaban cortándole las orejas a sus toros cuando al final de la faena calientan al público abusando del toreo encimista, posible debido a las condiciones de desgaste en las que se encuentra el toro por el esfuerzo realizado, o como también dijo Alfonso porque "sólo los toros descastados y machacados en varas permiten el toreo encimista y el tercio de pase".

En cuanto a la verdad en el cite, el periodista afirmó que "la forma correcta es colocarte enfrente de la mitad del testuz y de la penca de rabo, de forma que haya una línea recta entre la cadera del torero (o el medio pecho) y el espinazo del toro. Una vez afirmado en ese terreno se adelanta la muleta y se espera que el toro llegue. Sólo entonces, ni antes ni después, se adelanta la pierna para torear en curva. Digo que ni antes ni después porque un torero tan inteligente como Paco Camino adelantaba la pierna en el momento mismo de citar, antes de arrancarse el toro. Así resulta que cuando el toro llegaba a la muleta, no tenía que correr el riesgo de cambiarle la trayectoria del viaje y la foto salía impecablemente, la pierna contraria adelantada. Camino era tan listo que muy poca gente se dio cuenta de esta ventajilla. Por lo menos cumplía con el importante requisito de ver venir al toro y aguantarlo desde lejos. Al terminar el pase hay que ganar otro paso para quedar otra vez colocado enfrente del testuz. Así de sencillo y así de fácil".

Como ejemplo de todo lo detallado hasta aquí, Alfonso Navalón ponía el ejemplo de Antoñete y de César Rincón: "Antoñete, viejo y sin facultades, se ganó a los públicos con su sentido de la colocación y la inteligencia de aguantarlos desde lejos para darle el toque un metro antes de llegar a la muleta. A César Rincón le bastó hacer lo mismo  para batir todas las marcas al salir en hombros en Madrid. César no tiene arte, pero supo devolverle al público la emoción de ver a los toros arrancarse desde lejos y aguantarlos con mando al llegar a la muleta".

Y también puso el ejemplo de lo contrario, "Espartaco introdujo el mando a distancia enviando los toros hacia fuera. Así Manzanares engatusó a los falsos puristas con un tercio de pase componiendo la figura después de meter el toro la cabeza en la muleta. No hablemos ya de la bastedad del pobre Paquirri o del zapatillazo y la rapidez de Capea. Ninguno de estos trucos hubiera servido ante un toro con casta y poder, porque a la segunda vez que no le ganaran los pasos se habría hecho el amo del ruedo".

"Como ya se había inventado el medio toro de la media casta y desfallecido en la muleta por los tremendos puyazos traseros o en el pico de la muleta, este toreo de truco valía para sostener al toro en pie y sacarle la media arrancada que le permitían su falta de fuerza y de casta".

"Creo que con esto queda debidamente clara la diferencia que hay entre el toreo verdadero y las trampas actuales". Yo también lo creo y lo comparto. Para verlo en las plazas, sólo faltan toreros dispuestos y toros de ganaderías que buscan la casta y la bravura auténtica, y no esa "toreabilidad (término que también da para un artículo)" que acaba desembocando en la sosería.

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